domingo, 21 de junio de 2009

Algunas veces...

La lluvia dejo de caer hace unos minutos-dijo ella-mientras se colocaba el suéter de lana, resolvió un poco el alajero, buscando la mariposa morada que Él le había dado uno de esos días, cuando fue a visitarlo al lugar donde había sido enviado -Me voy Nina, deseame suerte-le grito desde la entrada del departamento a su fiel amiga.
Había esperado esto desde hace mucho tiempo, por fin podrían salir juntos y ser dueños de una noche romántica, lejos estaban ya aquellos momentos cuando ella desconocía el mundo real, y el se convirtió en emisario de los placeres de esa dimensión que le era totalmente desconocida.
Su porte galante, su elegancia y buen gusto, la habían cautivado, él era todo lo que alguna vez quiso de un hombre, aunque siempre supo que no era para ella, se sentía aliviada de que alguien como él, aún la considerará su amiga y después de ese largo viaje todavía la conservara en su memoria.
La distancia y el tiempo no habían conseguido que ella dejará de sentir ese vuelco en el estómago, que le anunciaba la llegada de alguien especial, la noche anterior apenas pudo conciliar el sueño, no podía creerlo, a sus 30 años lo volvería a ver.