domingo, 4 de noviembre de 2012

Solo lo que quería.

Deseaba ser una chica mala, libre, ajena a Dios y sus mandamientos, adscrita a sus propias convicciones, por eso él era todo lo que ella no tenía, esa pasión con que vivía cada momento de su vida, era un brillo atrayente, quizá por eso nunca pudo decirle que no. 
El suave toque de sus manos, esfumaba la frialdad que ella poseía, ese calor tibio que despedían las yemas de sus dedos, siempre fue tan singular, ahora solo quedará el recuerdo de la calidez con la que alguna vez la miro, esta mujer que alguna vez se sintió libre entre sus brazos ahora emprende el camino del autoreconocimiento y la aceptación de la inherente soledad con la que siempre ha convivido. 
Es esa soledad que no necesariamente tiene que ver con estar acompañado, sino una que implica independencia emocional, y resignación ante lo que se manifiesta como un destino, y una latente vivencia, ha llegado a comprender que las personas no necesariamente están ahí siempre, deben ir hacia sus propios caminos o finalidades. 
Hay cosas en la vida que siempre se extrañarán, como los viejos sitios donde se amo la vida, dice la canción, o las personas que sin ningún interés nos prestaron su hombro para llorar, reflexionando sobre esto, ella supo que ese momento había llegado, no volverían a hacer juntos las mismas cosas de siempre, ya ni siquiera podría intentar tocarlo, ahora ya no se pertenecían. 
Quizá hubiera dado la vida entera por estar con él una vez más, pero todo fue tan rápido que ni siquiera pudo pensar coherentemente, y la chica lo ahuyento de la única forma que pudo hacerlo, odiándolo en el instante, después se arrepintió pero era demasiado tarde, todo terminó. 

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